Paul Piff y su equipo querían aislar qué le hace exactamente el asombro (esa mezcla de sorpresa y pequeñez que provoca ver algo que desborda tu marco habitual de referencia, como un paisaje inmenso o un cielo estrellado) al comportamiento hacia otras personas, más allá de hacer sentir bien a quien lo experimenta.
El experimento: un minuto mirando eucaliptos de 60 metros
En uno de los cinco estudios de la investigación, transeúntes en un campus universitario fueron dirigidos a mirar, durante un minuto, hacia un grupo de eucaliptos gigantes de más de 60 metros de altura, o hacia un edificio de ciencias corriente de altura similar, como condición de control. Justo después, un colaborador de los investigadores, fingiendo un tropiezo, dejaba caer un puñado de bolígrafos delante de cada participante.
Quienes habían mirado los árboles ayudaron a recoger los bolígrafos con más frecuencia y más rapidez que quienes habían mirado el edificio. En otro estudio del mismo trabajo, con una muestra representativa a nivel nacional de más de 1.500 personas, la tendencia disposicional a experimentar asombro con frecuencia predijo mayor generosidad en un juego económico real, por encima de otras emociones positivas como la compasión o el orgullo.
El mecanismo: sentirse pequeño te hace pensar menos en ti
Los autores documentan que el asombro produce lo que llaman "pequeño yo": una sensación transitoria de que el propio individuo, sus preocupaciones y su estatus, ocupan un lugar diminuto frente a algo mucho más grande que uno mismo. Estadísticamente, ese sentimiento de pequeñez explicaba buena parte del efecto del asombro sobre la generosidad y la ayuda posterior.
La lectura no es que el asombro haga a la gente más generosa porque se sienten mejor: los autores comprobaron que el efecto no se explicaba solo por estar de mejor humor. Se explicaba específicamente por sentirse una parte pequeña de algo más grande, un desplazamiento momentáneo de atención lejos del propio ego que deja más espacio mental para notar y responder a las necesidades de otros.
«El asombro puede llevar a las personas a centrarse menos en sus propias necesidades individuales y a sentirse parte de algo más grande que ellas mismas.»
Paul K. Piff
Si buscas ese efecto fuera del laboratorio, no hace falta un viaje largo: un mirador, un cielo despejado de noche lejos de la ciudad o cualquier paisaje que te haga sentir pequeño durante un minuto parece bastar, según estos datos, para inclinar levemente la balanza hacia notar y ayudar a quien tienes cerca.