Julia Zimmermann y Franz Neyer, en la Universidad de Jena, aprovecharon una oportunidad natural poco frecuente en la investigación de personalidad: cientos de estudiantes alemanes que ya tenían planeado irse de intercambio, y cientos más que se quedaban en su universidad de origen, lo que permitía comparar el cambio de personalidad de ambos grupos sin necesidad de asignar a nadie al azar.
El experimento: más de 1.000 estudiantes, medidos antes y después del intercambio
Reclutaron a más de 1.000 estudiantes de unas 200 universidades alemanas: unos con planes firmes de pasar un semestre o un año en el extranjero, otros sin intención de moverse, usados como grupo de comparación. Ambos grupos completaron cuestionarios estandarizados de personalidad al inicio del estudio y de nuevo después del periodo que los estudiantes de intercambio pasaron fuera.
Quienes habían estudiado en el extranjero mostraron aumentos medibles en apertura a la experiencia, estabilidad emocional y amabilidad, comparados con el grupo que se había quedado en Alemania. El cambio no era simplemente cuestión de maduración por el paso del tiempo: el grupo de control, de edad y trayectoria vital comparable, no mostró los mismos aumentos en ese mismo periodo.
El mecanismo: nuevas relaciones, no solo nuevos paisajes
Zimmermann y Neyer atribuyen el cambio, en buena parte, a la reorganización de la red social que provoca un intercambio: construir relaciones nuevas desde cero, en un entorno donde el propio rol social todavía no está fijado, obliga a poner en práctica rasgos como la iniciativa social, la tolerancia a la incertidumbre o la curiosidad, de un modo que la vida rutinaria en el entorno conocido rara vez exige.
El hallazgo encaja con un principio más amplio de la psicología de la personalidad: los rasgos no son fijos de por vida, cambian en respuesta a experiencias sostenidas que exigen actuar de forma distinta a como se actuaba antes. Un viaje corto de vacaciones difícilmente produce ese efecto. Meses viviendo y relacionándote de una forma nueva, sí.
«Las experiencias de movilidad internacional no son solo un episodio biográfico: dejan una huella medible en el desarrollo de la personalidad.»
Julia Zimmermann
Si buscas un cambio real en rasgos como la apertura o la tolerancia a la incertidumbre, este estudio sugiere que la variable decisiva no es la distancia del viaje ni lo exótico del destino, sino el tiempo sostenido construyendo relaciones nuevas en un contexto donde tu rol social todavía no está definido, algo que un viaje corto rara vez permite.