Eyal Ophir, Clifford Nass y Anthony Wagner partieron de una hipótesis que sonaba razonable: si alguien practica constantemente hacer varias cosas digitales a la vez (chatear, ver vídeos, navegar y escuchar música al mismo tiempo), debería volverse mejor gestionando esa carga mental. Doscientos sesenta y dos estudiantes de Stanford respondieron un cuestionario detallado sobre su consumo de medios, lo que permitió calcular un índice de multitarea mediática y dividirlos en dos grupos: los que compaginaban más medios de forma habitual y los que compaginaban menos.
El experimento: filtrar distracciones y cambiar de tarea, bajo control de laboratorio
A ambos grupos se les sometió a varias pruebas clásicas de control cognitivo. En una, debían recordar la orientación de unos pocos rectángulos rojos mientras ignoraban rectángulos azules irrelevantes que aparecían junto a ellos; cuantos más distractores azules había, peor rendía el grupo que compaginaba más medios, mientras que el otro grupo apenas se veía afectado. En otra prueba de memoria de trabajo (identificar si una letra coincidía con la que había aparecido dos o tres posiciones atrás), quienes compaginaban más medios cometían más falsas alarmas a medida que aumentaba la carga de memoria.
La prueba más reveladora fue la de cambio de tarea: alternar entre clasificar un número como par o impar y clasificar una letra como vocal o consonante. Aquí es donde la hipótesis inicial se rompió del todo: el grupo que compaginaba más medios en su vida diaria fue significativamente más lento cambiando de tarea que el otro grupo, con un coste de cambio 167 milisegundos mayor.
El mecanismo: filtrar lo irrelevante, no procesarlo todo, es la habilidad que se pierde
Ophir y su equipo interpretan el patrón como una diferencia en el estilo de procesamiento, no solo en la capacidad bruta: quienes compaginan más medios parecen tener más dificultad para restringir voluntariamente su atención a lo relevante y bloquear el resto, tanto si esa distracción viene del entorno (los rectángulos azules) como de la propia memoria (letras que aparecieron antes pero ya no son objetivo).
La implicación es contraintuitiva: la práctica constante de hacer varias cosas a la vez no entrena la capacidad de cambiar el foco con eficacia, entrena para atender a más fuentes de información simultáneamente, lo que en tareas que exigen concentrarse en una sola cosa y descartar el resto termina jugando en contra. Los propios autores subrayan que el estudio no puede determinar si la multitarea intensa causa esta dificultad o si las personas con esa predisposición cognitiva tienden a multitarea más, una pregunta que dejaron abierta para investigación futura.
«Los multitareas mediáticos intensos rindieron peor en una prueba de capacidad de cambio de tarea, probablemente debido a una menor capacidad para filtrar la interferencia de la tarea irrelevante.»
Eyal Ophir
Si notas que te cuesta concentrarte en una sola cosa después de días con muchas pestañas, chats y pantallas abiertas a la vez, este estudio sugiere que el problema no es solo cansancio: es un patrón de atención entrenado en la dirección contraria a la que necesitas para una tarea de foco único. Antes de un trabajo que exija concentración sostenida, cerrar el resto de fuentes de información, no solo silenciarlas, puede importar más de lo que parece.