En 2008, Lawrence Williams y John Bargh de la Universidad de Yale publicaron en Science un experimento que cuestionaba un supuesto básico sobre cómo juzgamos a las personas: que ese juicio se forma principalmente a partir de información sobre ellas. Lo que encontraron fue que el estado físico del cuerpo en el momento de conocer a alguien forma parte del juicio, sin que quien juzga lo sepa.
El experimento: la taza de café y el extraño
El procedimiento era aparentemente inocuo. Un experimentador encontraba a cada participante en el vestíbulo del edificio y le pedía que sujetara brevemente su bebida (a unos les tocaba café caliente, a otros café con hielo) mientras él anotaba algo. Una vez en el laboratorio, los participantes leían la descripción de una persona ficticia y evaluaban su personalidad en una serie de rasgos: cálido/frío, generoso/egoísta, sociable/antisocial, entre otros.
Los que habían sostenido el café caliente describían a la persona ficticia como significativamente más cálida, generosa y sociable que los que habían sostenido el café frío. La diferencia era estadísticamente robusta y los participantes no relacionaban la taza con sus respuestas. En un segundo experimento, los investigadores comprobaron que el efecto se extendía al comportamiento: los participantes que habían sostenido el objeto caliente elegían con más frecuencia un regalo para un amigo en lugar de para ellos mismos, una medida de comportamiento prosocial real.
El mecanismo: temperatura física y temperatura social
Williams y Bargh propusieron una explicación basada en la cognición encarnada: el cerebro usa metáforas físicas para procesar conceptos abstractos, y esas metáforas son estructurales, no decorativas. La "calidez" interpersonal y la temperatura física comparten sustrato neuronal (la ínsula anterior) porque el aprendizaje de los conceptos sociales ocurre en la infancia a través de experiencias físicas: el contacto con el cuerpo de los cuidadores, la temperatura de sus manos, el calor del abrazo. El concepto "calidez social" se construye sobre el andamio sensorial de "temperatura caliente".
Esto implica que el cuerpo no es un vehículo pasivo que transporta a la mente hacia los lugares donde ocurre el pensamiento. El estado corporal (la temperatura, la postura, la tensión muscular) es parte del sistema cognitivo y afecta activamente qué conceptos se activan y cómo se procesan. La física del momento en que conoces a alguien forma parte del contexto cognitivo con el que lo evalúas, aunque ninguno de los dos lo sepa.
«La mente no existe separada del cuerpo. El estado físico del momento forma parte de la cognición, no solo del humor.»
Lawrence Williams & John Bargh
Las primeras impresiones se forman en contextos físicos específicos que las influyen de formas que no detectamos. Si necesitas hacer una evaluación importante de alguien (una entrevista, una negociación, una primera reunión) sé consciente de tu estado físico previo: el cansancio, el frío, la tensión muscular son variables del juicio. Y ofrecer algo caliente a quien vas a conocer no es solo cortesía: tiene efectos documentados sobre cómo te percibe.
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Bargh, el propio autor del experimento de la taza de café caliente, recopila décadas de investigación sobre cuánto decide el inconsciente antes de que la conciencia entre en juego.
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¿Puede sostener algo caliente cambiar cómo percibes a una persona?
Sí. Sostener un café caliente (vs frío) durante 10 segundos hacía que los participantes juzgaran a un desconocido como más cálido y generoso (Williams & Bargh, 2008).
¿Por qué el calor físico se confunde con la calidez social?
La ínsula procesa tanto la temperatura física como la evaluación social. Son circuitos parcialmente compartidos, de ahí las metáforas de temperatura para relaciones.
¿Se puede usar el calor físico para crear mejor ambiente en reuniones?
La investigación sugiere que sí: entornos más cálidos se asocian a mayor cooperación y percepción de calidez interpersonal.
¿Existen otros efectos físicos que cambien la percepción social?
Sí. El peso (objetos pesados → juicios más serios), la textura áspera (→ interacciones percibidas más difíciles) y la dureza también afectan a juicios sociales.