Andrew Przybylski y su equipo le pusieron nombre y medida a algo que hasta 2013 se mencionaba de forma coloquial pero no se había estudiado con rigor: el miedo a perderte algo, o FOMO (fear of missing out), la sensación incómoda de que otros están viviendo experiencias gratificantes de las que tú estás fuera. Construyeron una escala de diez preguntas para medirlo y la aplicaron a una muestra representativa de 2.079 adultos del Reino Unido, en edad de trabajar, de entre 22 y 65 años, encuestados a lo largo de dos semanas.
El experimento: una escala y una muestra nacional
Con esa muestra, el equipo encontró que puntuar alto en FOMO se asociaba a una menor satisfacción de necesidades psicológicas básicas (sentirse competente, autónomo y conectado con otros, según la teoría de la autodeterminación), a peor estado de ánimo y a menor satisfacción con la vida en general. Hasta aquí, un patrón esperable de malestar psicológico.
Lo llamativo llegó al cruzar el FOMO con el comportamiento real: quienes puntuaban más alto no usaban menos las redes sociales para aliviar esa ansiedad, las usaban más. El FOMO se asoció con claridad a un mayor uso de redes sociales inmediatamente después de despertarse, antes de dormir, durante las comidas, e incluso a comportamientos con riesgo objetivo, como consultar el móvil conduciendo o durante clases y reuniones.
El mecanismo: revisar el móvil sin resolver la necesidad de fondo
Przybylski interpreta el FOMO como una señal de necesidades no cubiertas: cuando faltan autonomía, competencia o conexión real en la vida de alguien, aparece una inquietud difusa por quedarse fuera de lo que sí parece estar dándole esas cosas a los demás. Revisar el móvil es la respuesta más inmediata y accesible a esa inquietud, precisamente porque promete una solución rápida.
El problema es que consultar el feed ofrece, como mucho, una simulación de conexión (ver lo que otros hacen) sin resolver la carencia real de autonomía o competencia que generó la ansiedad en primer lugar. Por eso el ciclo no se cierra solo: cuanta más FOMO siente alguien, más motivo tiene para seguir mirando, y mirar más no cubre la necesidad de fondo, así que el FOMO no baja. Es una respuesta que se autoalimenta en lugar de resolverse.
«Cuanto más miedo tienes a perderte algo, más usas las redes que alimentan ese miedo. No es una solución: es el propio problema repitiéndose.»
Andrew Przybylski
Si te sorprendes revisando el móvil por una inquietud vaga de estar perdiéndote algo, trata esa sensación como información sobre una necesidad de autonomía, competencia o conexión que no está cubierta en otra parte de tu día, no como una señal de que debas revisar más. El propio estudio muestra que revisar más no resuelve el FOMO: solo lo acompaña.