David Myers y George Bishop querían comprobar una intuición extendida sobre el debate: que hablar con otros suaviza las posturas y acerca a las personas hacia un término medio razonable. Para comprobarlo, formaron grupos de estudiantes de instituto con actitudes raciales previamente medidas y agruparon a cada estudiante solo con otros de opiniones similares a las suyas, ya fueran de alto o de bajo prejuicio.
El experimento: hablar solo con los que ya piensan como tú
Antes de la discusión, cada estudiante respondía individualmente a una serie de afirmaciones sobre actitudes raciales. Después, los grupos (compuestos únicamente por personas con actitudes similares entre sí) discutían esas mismas afirmaciones durante un tiempo. Al terminar, cada estudiante volvía a responder individualmente al mismo cuestionario. Un grupo de control discutía temas sin ninguna relación con actitudes raciales antes de repetir la medición.
El resultado fue claro: la discusión entre personas de actitudes parecidas amplió la distancia entre el grupo de mayor prejuicio y el de menor prejuicio. Los estudiantes de alto prejuicio terminaron la discusión con actitudes más extremas que al empezar, y lo mismo ocurrió, en sentido contrario, con los de bajo prejuicio. El grupo de control, que había discutido temas neutrales, no mostró ese mismo desplazamiento.
El mecanismo: la discusión homogénea amplifica la posición dominante
Myers y Bishop documentaron uno de los primeros ejemplos experimentales claros de lo que hoy se conoce como polarización de grupo: cuando personas con una inclinación previa similar discuten entre sí, la tendencia inicial del grupo se refuerza en vez de moderarse. Escuchar argumentos nuevos que apoyan la propia posición (algo que ocurre casi automáticamente en un grupo homogéneo) proporciona munición adicional que no existía antes de la conversación, y compararse con otros del mismo grupo genera presión para no parecer menos comprometido que la media.
El hallazgo tiene una lectura directa para cualquier entorno donde la gente solo discute con quienes ya piensan parecido: foros, comunidades online filtradas por afinidad, grupos de mensajería homogéneos. La conversación en esos espacios no funciona como un contrapeso moderador. Funciona como un amplificador de la posición que el grupo ya tenía antes de empezar a hablar.
«La discusión con personas de opinión similar no modera las posturas: las intensifica en la dirección en la que el grupo ya se inclinaba.»
David G. Myers
Si notas que tus opiniones sobre un tema se han vuelto más extremas con el tiempo, revisa con quién sueles discutir ese tema. Si es casi siempre con personas que ya piensan como tú, es probable que el cambio no venga de nueva evidencia, sino del simple efecto de haber hablado repetidamente solo con tu propio bando.