Norman Triplett llevaba tiempo fijándose en los registros de carreras ciclistas y había notado algo que le pareció digno de estudio: los ciclistas marcaban tiempos más rápidos cuando competían codo con codo contra otro corredor que cuando pedaleaban en solitario contra el cronómetro. Quiso saber si ese efecto de la compañía sobre el rendimiento se podía reproducir, de forma controlada, con una tarea completamente distinta al ciclismo.
El experimento: un carrete de pesca, en vez de una bicicleta
Triplett construyó un aparato con dos carretes de pesca montados en un armazón de madera, conectados mediante hilo de pescar y poleas a unas pequeñas banderas que marcaban el avance. Reclutó a 40 niños de entre 8 y 17 años y les pidió que enrollaran el hilo lo más rápido posible, unas veces en solitario y otras junto a otro niño haciendo la misma tarea al mismo tiempo, en un aparato paralelo.
De los 40 niños, 20 enrollaron el hilo más rápido cuando tenían compañía. Diez fueron más lentos con compañía que en solitario, y los diez restantes no mostraron un cambio claro en ningún sentido, algunos incluso parecían sobreexcitarse hasta el punto de perder ritmo. El patrón, aunque no era universal, era demasiado marcado en una dirección como para deberse solo al azar.
El mecanismo: la mera presencia de otro cambia el esfuerzo, para bien o para mal
Triplett llamó a este efecto "factores dinamogénicos": la sola presencia de otra persona haciendo la misma tarea parecía liberar energía competitiva adicional en la mayoría de los niños, incluso en una tarea tan mecánica como enrollar un hilo. No hacía falta que hubiera premio, público ni consecuencia alguna, bastaba con la copresencia de otro competidor.
Este experimento se considera hoy el primero documentado de la psicología social experimental, y sentó las bases de lo que más tarde se formalizaría como facilitación social: la presencia de otros mejora el rendimiento en tareas simples o bien aprendidas, pero puede empeorarlo en tareas complejas o poco dominadas, justo el matiz que explica por qué una minoría de los niños de Triplett rindió peor, no mejor, con compañía.
«La presencia de un segundo competidor produce una energía dinamogénica no disponible en condiciones ordinarias.»
Norman Triplett
Si entrenas o practicas una habilidad ya dominada, buscar compañía o competencia directa puede darte un empujón de rendimiento real, tal y como sugería Triplett hace más de un siglo. Si en cambio estás aprendiendo algo nuevo y complejo, ese mismo público o esa misma compañía puede jugar en tu contra: vale la pena practicar lo difícil a solas y reservar la compañía para cuando ya domines la tarea.